El Jardín de Pelli – La Torre YPF en Puerto madero

El edificio YPF, proyectado por César Pelli, es un volumen complejo que cambia de aspecto según desde donde se lo mire, con dos caras distintas que dialogan con el río y la ciudad. Su leit motiv es un jardín de invierno elevado en el piso 26.

– Publicado en ARQ el 16-09-2008, por ARIEL HENDLER –

Paralelogramo de fuerzas: así suele llamarse a una figura geométrica traccionada por fuerzas de dirección opuesta. La imagen vale para la planta de la torre YPF, en el Dique 3 de Puerto Madero, con sus vértices a modo de puntas de flecha que tiran hacia el río, una, y hacia la ciudad, la otra. Como si con esta doble orientación se buscara subrayar la pertenencia de la obra tanto al paisaje ribereño como al urbano.Ubicada en primera fila frente al Río de la Plata, la torre que albergará a la sede corporativa de la petrolera, proyectada por el tucumano César Pelli y con fecha de inauguración para fin de año, presenta dos caras netamente diferenciadas: la que mira al Este se mimetiza con el río gracias a su piel casi uniforme, hecha con paneles de aluminio claro y paños de cristal que enfatizan suavemente las líneas verticales.

Torre YPFEn cambio, la fachada Oeste muestra una trama gruesa de carpinterías de acero inoxidable sobre una superficie de vidrio, con un virtual predominio del lleno sobre el vacío, que dialoga de igual a igual con los edificios vecinos. Sobre esta cuadrícula, mirando a la ciudad, se trazó el icónico jardín de invierno elevado, socavado en el prisma, que se destaca netamente como el leit motiv del proyecto, con sus árboles implantados en el piso 26. El vacío corta la proa que mira a la ciudad y genera un patio interno de quíntuple altura en el que fueron ubicados los cuatro árboles en macetones de acero inoxidable. “La parte del muro cortina que cubre el agujero es de un vidrio transparente para favorecer el ingreso de luz natural”, aclara Pelli en diálogo telefónico desde su estudio en New Haven, Estados Unidos.

Esta parte del muro cortina está resuelta con elementos batientes que permitieron subir los árboles, y eventualmente reemplazarlos. De todas formas, esta gran ventana en la piel vidriada quedará cerada en forma permanente. Después de barajarse varias especies vegetales, la elección de la arquitecta y paisajista Diana Balmori recayó sobre el autóctono jacarandá y las cañas de tacuara. “Cuando florezcan va a ser una belleza. Especialmente de noche con el jardín iluminado”, agrega Pelli.

Balmori diseñó también la plaza seca circular con pérgolas y fuentes, que es perforada en uno de sus bordes por el vértice Oeste de la torre: así se genera un atrio de acceso que resulta de la simple intersección de dos piezas. Con parecida economía de recursos, en el extremo opuesto de la planta baja el suelo se hunde escalonado para convertirse en las gradas de un auditorio cubierto.

Volumen cambiante

Durante su última visita, en mayo, el arquitecto aprovechó para descubrir cómo se visualiza su torre desde puntos tan distintos como la Costanera Sur o la Plaza de Mayo. “Aunque el edificio tiene una silueta tranquila y un remate muy sutil, parte de la atracción es que cambia y se lo ve distinto según desde donde se lo mire”, analiza. Esta metamorfosis se debe al volumen complejo de la torre, cuya planta doblemente puntiaguda es producto de la yuxtaposición de un triángulo y un cuadrado girado 45 grados, ambos con sus lados curvados hacia afuera.

“Todas las torres tienen un movimiento natural hacia arriba, pero en esta también está presente el movimiento por el cual los dos volúmenes se engarzan”, explica Pelli. El efecto obtenido es que el prisma “cuadrado” se introduce como una cuña en el “triangular” y, según ilustra Pelli, “lo sobrepasa en el remate para poder otear el río”. Pero este juego volumétrico en el exterior no se traslada a la planta, que se organiza alrededor de un único núcleo central.

Allí, en el interior, el uso del hormigón visto en el núcleo y en las columnas perimetrales es un recurso que Pelli dice haber aprendido, entre otros, de Louis Kahn. “Las imperfecciones del material le dan vida al interior del edificio, lo hacen parecer un producto natural. El hormigón es pesado, fuerte, recio, y contrasta con el vidrio pulido, delgado. Es como si el núcleo fuera el tronco de un árbol, y el vidrio, las hojas”, concluye.

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